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El Principio de todo. Cap. IV: la entrevista






Parte I: el segundo tren.



Esta noche soñé que era feliz… y me desperté, queriendo volver. Y es que sólo en sueños la tengo, la poseo, la hago Mía. Algo que no he vuelto a sentir ni sentiré pese a todas mis conquistas. Pero ellas sólo eran juegos para mí, eran el instrumento que me permitía saciar mi sed, pero no eran Ella.

Y es que Ella me otorgó el poder de la seducción, eso sí, pagando un alto precio.

La veo en todas partes, percibo su aroma, pero levanto la cabeza y no está. Es perturbador y macabro. Tengo que aprender a vivir con ello aunque soy consciente que es una batalla perdida. Hace tiempo ya que perdí la cabeza.


Consigo levantarme y me dirijo al cuarto de baño, desnudo, caminando por la tarima de la habitación. Me afeito, como todos los días (no soy hombre de modas) y me meto en la ducha bajo el agua caliente. Minutos sin pensar en nada, dejando el agua caer sobre mi piel. Pero el maldito sueño se incrusta de nuevo en mi cabeza. Me domina. Lucho sin recompensa y siento como mi polla se tensa. Cierro los ojos. Una mano en los azulejos, la otra en mi polla. La agarro con fuerza y empiezo a hacerme una paja. Al principio suave, lentamente la acaricio. Se me escapa un suspiro como cayendo al vacío, y subo el ritmo, cada vez más rápido, cada vez más fuerte, mas rudo, arriba y abajo, arriba y abajo. Se me acelera el pulso. Llevo la mano izquierda a mis pelotas, las aprieto con fuerza, inspiro, sintiendo esa jodida mezcla entre dolor y placer que solo Ella me provocaba, hasta que, apoyando la frente contra la pared y las dos manos ocupadas, vaciando mis pulmones con una gran bocanada…me corrí.


Salgo de casa. Tengo entrevista con la posible futura secretaria. Es la sexta ya y estoy acabando un poco hasta los cojones. No encuentro lo que busco, no encuentro lo que quiero. ¿Será ésta?, ¿será ella?. No, ¡joder!, ¿quítatelo de la cabeza!.

Hoy voy más informal que de costumbre. Tejanos, deportivas, camisa y americana.

Entro en la estación de metro y es que nunca cojo el coche para ir a la oficina. Me aburre sobremanera. A veces pienso de qué sirven tantos miles de euros llenándose de polvo en el garaje. El bus no lo contemplo porque me parece un nido de humanidad, por lo que acabo siempre en la misma estación. Llega mi tren pero no lo cojo. Nunca cojo el primero. ¿Por qué?. Y yo que coño sé. Lo hago así y punto.

Llega el segundo. – Ahora sí, sube -. Me fascina mezclarme entre la gente. Diferentes caras, mismas actitudes. Dependientes de la tecnología. Móviles, cascos, almas sin pena ni gloria. Alguna mirada a la tía buena de turno pero sin atreverse a ir más allá. “A lo mejor te habría tocado la lotería si te decides, ¡capullo!”. Clavo la mirada en la chica. La tengo a escasos dos metros. Tacones, nada exagerados, falda, blusa y chaqueta de ejecutiva. Treinta y pocos intuyo. Gemelos fuertes, cuerpo cuidado de gimnasio. Potentes pechos.

Ya se ha percatado de que la observo, y tímida, baja la cabeza. Pero yo no me detengo. Sigo desnudándola en mi cabeza. Intenta disimular que lo sabe pero sus continuos cambios de postura la delatan. Está nerviosa, y eso… me excita.

Cruza por un instante su mirada con la mía. Yo no la retiro. Ella, baja la mirada al suelo, y se muerde el labio inferior. ¡Ya eres Mía!


“Próxima parada”…Se levanta acercándose a la puerta del vagón. Ahora, me sitúo a su espalda. Sólo nos separan milímetros. Mi aliento cae en su nuca. Su piel se eriza. No se gira. Un paso más. Aprieto contra su culo mi dura polla. Tensa el culo y un suspiro se le escapa cayendo lentamente, presa ya de sus intenciones. Se abren las puertas. Baja. No es mi parada pero yo… bajo. Salimos de la estación. Sigo tras sus pasos y aunque nunca se gira, sabe que estoy ahí, pero ya me he cansado de jugar al gato y el ratón, porque el gato, tiene hambre. La agarro por el brazo y la obligo a seguirme. Ella, no protesta. Seguimos caminando hasta encontrar una estrecha calle. ¡Aquí!. La empotro contra la pared y la devoro conquistando su boca, atrapando su cuello con mi mano derecha. Saca le lengua. La cabrona besa bien, jodidamente bien. Mientras seguimos con nuestro particular baile de lenguas, lleva su mano a mi miembro. Lo soba, aprieta y se deshace de mí de un empujón para ahora ser ella quien me ponga de espaldas a la pared. Sin mirarme se dirige a mi polla, ahora ya haciendo uso de las dos manos para con cierta maestría, desabrocharme los pantalones. Acompañando con la flexión de sus rodillas, se postra en el suelo, me baja los slips y sin mediar palabra se la metió en la boca. Con sus labios carnosos pintados de rojo aprieta y succiona mi dura y venosa verga. ¡Diooooosss cómo la come!. En un visto y no visto desaparece en la profundidad de su boca, llegándole a la tráquea, pero le da igual. Ella sigue y sigue y sigue dejando caer las babas al suelo y zapatos. Tiro de su pelo para obligarla a mirarme mientras me la come. Quiero disfrutar su cara de zorra, pero se resiste. Tiene muy claro su cometido y sigue a lo suyo, engullendo como si mañana se fuera a acabar el mundo y esa fuera su misión en la vida.

¡Joder!, me tiemblan las piernas. Siento cómo se hinchan mis pelotas. ¡Voy a explotar! – ¡me corro! – se me escapa, pero ella sigue y yo – ¡uohhhhhh!….me corrí, llenando su mágica boca.

Me cuesta volver a poner en orden mi respiración. Se levanta, me fija la mirada por primera vez, y se lo traga. Después, se dio media vuelta y al girar la esquina, en silencio, igual que llegó, desapareció.





En Tugrantentacion.com, queremos agradecer la colaboración prestada por parte del autor.


Os dejamos el link al relato original:


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