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El Principio de Todo. Cap. III: El cazador cazado





El ascensor ya está en movimiento. No así yo. Aún sigo paralizado y reseteando en mi cerebro todo lo sucedido. Siempre he sido yo el que ha manejado la situación, el que dirige a su antojo, pero Ella… Los dos estamos en silencio y en mi cabeza aún resuenan sus últimas palabras “y ahora cabrón, quiero que me revientes”. Sé que no puedo, no desde aquel día. Aún así, todas las mujeres que fueron víctimas de mis juegos siempre acababan rendidas, extasiadas y agradecidas. Ahora jugaremos con mis reglas – me digo – El ascensor para en la planta octava – es aquí – invitándola a salir. Un caballero siempre cede el paso – aquí no – pulsando el número diez – estaremos más cómodos en mi apartamento- me dijo.


  • – ¿Te gusta lo que ves? – Nada mas entrar me encuentro en un amplio salón con cocina office y una bonita barra, un ventanal enorme que da acceso a la terraza (estamos en el ático) y solamente dos puertas, su habitación y el baño. Ésto me hace pensar que o no tiene intención de tener descendencia o bien, que su estancia será corta. Asiento con la cabeza. Una de las cosa que he aprendido es que en determinadas ocasiones, las palabras sobran “por la boca muere el pez”. – ¿Te apetece tomar algo? – pregunta desde el otro lado de la barra. Sólo te quiero a ti, pienso. Rodeo la barra y me sitúo a su espalda pegando mi cuerpo al suyo haciéndole ver que ya estoy listo otra vez

  • – sólo te quiero a ti y ahora como buena perra que eres voy a hacer de ti lo que yo quiera

  • – ummm ,síiii, me gusta – apretando mi polla contra su culo le muerdo el cuello, le sobo las tetas con mis manos – uffff – huele a La Vie est Belle, su piel es muy suave, ahora erizada y tiene los pezones muy muy duros. Dejo sus pechos, muy a mi pesar porque podría estar horas masajeándolos, con mi mano izquierda empotro su cara contra la encimera de la barra mientras la derecha va desabrochando su pantalón (soy de mano hábil). Al principio se resiste, forcejea pero acaba cediendo cuando mi dedo entra en su coño. Inmovilizada por la fuerza de mi brazo, hago caer sus pantalones a los tobillos y le arranco las bragas de un sólo tirón. GRITA. La imagen me excita mucho. Inclinada por mi voluntad con su cara pegada a la madera con su poderoso culo ante mí, desnudo, grande, tenso…duro. No lo puedo evitar, su culo me la está pidiendo a gritos, abro bien la mano y la azoto en la nalga. EXCLAMA. Segunda palmada, tercera, ahora más violenta. MALDICE. Ya tiene mi marca. Acaricio su culo como si de un beso se tratara y siento mi miembro duro, percibo que he mojado, pero joder, cuando introduzco un dedo en su sexo, si yo estoy mojado, Ella está empapada. Meto dos, luego tres. EXIGE. – ¡Quiero tu polla! – la ignoro y, aunque hace rato que mi brazo izquierdo dejó de inmovilizarla, mantiene la posición, expuesta, de entrega. Se gira, me mira, SUPLICA y se introduce mi dedo en su boca como si de una polla se tratara. El ritmo de mis dedos en su sexo es frenético, GIME, le tiemblan las piernas, devora mis dedos, ya son tres. Sigo follándola con mis dedos hasta que, tensando todo su cuerpo libera mis dedos para gritar, me corroooo. Un gran charco queda en el suelo. Tarda unos segundos en recomponerse, se vuelve hacia mí, aún vestido, posando su mano sobre mi bulto – esto no va a quedar así – y cogiéndome de la mano me guió hasta su habitación.


Es una habitación muy grande. Llama la atención su cama de dos por dos (¿tan grande para una persona sola?), con el cabecero anclado a la pared. En un rincón tiene un parabán, justo al lado de las ventanas y al otro lado una vitrina con estantes, dos puertas de madera y otras dos de cristal mostrando entre otras cosas un flogger de tiras negras, una pala de Spank, una fusta cuya lengua tenía forma de corazón y un antifaz.


Lo sabía, es sumisa – ¿juguetes?


– sí, hay quien juega con muñecas o video juegos, yo encuentro esto más entretenido, ¿no te parece?- mi polla aún no ha perdido un ápice de su erección, es más, siento que hasta me llega a doler de lo hinchada que la tengo – no te muevas que quiero darte otra sorpresa – me dice mientras se desplaza hasta esconderse detrás del parabán. Espero ansioso pero bien ha merecido la pena. Me deja sin palabras cuando aparece envuelta en un body de rejilla de pies hasta el cuello abierto por la cintura y sin ropa interior. Abro tanto la boca que tengo la impresión de que va a llegar al suelo. Me rodea y se tumba boca arriba a la altura del cabecero con las piernas abiertas y me dice – desnúdate, despacio, que quiero disfrutar de las vistas – me quito la ropa lo más lentamente que puedo, aun así no tardo porque llevo la ropa deportiva. Subo por los pies de la cama – COME – y yo, como. Ni un pelo, suave, mojado, salado, sucio. Mi lengua juega con su clítoris y labios. Beso,muerdo lamo y succiono. Me pierdo comiendo un coño (y no es por alardear pero se me da realmente bien). Se abre aún más si cabe de piernas agarrando con fuerza las sábanas, se retuerce empujando el culo contra el colchón, también arqueando la espalda, levantándome por su fuerza. Está a punto de correrse de nuevo. Me tira del pelo haciendo presión contra su caliente y chorreante coño – ¡BEBE, cabrón, bebe! – y me inundó la boca con su esencia. Estoy fascinado y asombrado por la gran cantidad que tira. No sé cómo le queda aún tanto líquido en el cuerpo. Subo, recorriendo su cuerpo hasta llegar a su boca y fundirnos en un largo y apasionado beso. No sé cómo lo hace pero consigue tumbarme de espaldas para así ahora estar ya encima y seguir con los juegos de lenguas , cuando…CLUCK – ¿¡qué, qué haces?!, y en milésimas de segundo tirando de mi otro brazo hacia arriba aprovechando mi estado de shock por lo inesperado de la sorpresa, otro CLUCK. En un visto y no visto me encuentro de espaldas a la cama con los dos brazos estirados y esposados a la cama – ¡qué cojones estás haciendo!


– shhhhh –


suéltame ahora mismo, te lo ordeno –


shhhh – repite – ahora me toca mandar a mí –


¡basta! –


– sólo voy a darte lo que siempre has deseado y aún no te has atrevido a pedir – y se acerca a mi boca para besarme pero la muy puta no me besa, me muerde el labio inferior. El acto reflejo hace que mi cuerpo salte pero no consigo zafarme de Ella. Sonríe, baja hasta mis pezones, los besa, lame y muerde. Continúa su camino hasta llegar a su objetivo, mi polla, que pese a la situación sigue estando igual de dura. Siento que tengo la testosterona por las nubes, joder, noto hasta más hinchadas las pelotas – me gusta tu polla enorme y marcada por las venas, y ya te he dicho que la quiero dentro de mí


– ¡!No puedo joder – la frustración por asumir mi condena casi me hace llorar pero Ella persiste. Con dos dedos de su mano juega con el glande, lo masajea ayudándose del líquido preseminal, con la otra mano me agarra de forma muy brusca por el escroto. A este paso me quedo sin pelotas. Se sitúa de rodillas a la altura de mi cintura castigándome con la visión de su culo, el cual no puedo tocar – ¡ZAS! – y otra vez ¡ZAS!, ¿me ha golpeado en las pelotas?, me ha golpeado en las pelotas,, ¡ZAS!. Sudo como un cerdo, y claro, eso la excita aun más. Se vuelve a desplazar ahora ya entre mis piernas para ahora sí, tratarlas con cariño. Las besa y mima al igual que mi polla que ya ansiaba su boca. Que bien se la come. Entra toda, no sin esfuerzo, pero tras las arcadas de rigor comienza un mete saca en su boca de vértigo, toda ensalivada. Para, no quiere que me corra – recuerda, la quiero dentro – Vuelve a mis testículos, pero no se detiene, prosigue por el perineo hasta llegar a la entrada de mi ano. Dibuja círculos imaginarios a su alrededor. Me gusta. ¡ZAS! Otro azote a las pelotas y vuelve a mi culo. Se lleva la mano a su entrepierna para aprovechar su humedad y lubricar mi ano. Introduce la puntita de un dedo y contra todo pronóstico mi respuesta es abrirme de piernas. Ya está todo el dedo dentro, a continuación, dos


– ¡Zorra! –


¿Yo? –


¡Sigue!-. Me folla el culo con sus dedos sin dejar de comerme la polla, joodeeerr, notaba como si corrientes recorrieran todo mi cuerpo, de pies a cabeza y llegan las contracciones y para, agarrándome la polla por la base durante unos segundos – no quiero que te corras, la quiero dentro – – te he dicho que no puedo, hace años que no puedo, siempre se me acaba bajando – ni puto caso. Sin soltarla, se incorpora para sentarse sobre mi cintura, apunta se la mete. ¡Qué calooor!, ya no recordaba esa sensación… sube, baja, despacio, percibo cada una de las sensaciones, como su vagina abraza a mi polla. NO SE BAJA. Aumenta el ritmo, más rápido, más rápido más rápidoooo, me está cabalgando y… ¡NO SE BAJA!


  • ¡Así, follame cabrón, reviéntameeee! – yo no tengo palabras, ni falta que hacen – te dije que la iba a tener dentro, y ahora quiero tu leche – mientras me cabalgaba cual jinete del apocalipsis… y ya están aquí otra vez las contracciones…y no para…y me CORRO. No entiendo nada, no soy capaz de encontrar explicación. Se tumba sobre mi pecho y reposa sobre él. Poco a poco percibo cómo nuestra respiración se relaja. Me mira, sonríe y me besa, alargando sus brazos para quitarme las esposas tumbándose a mi lado. Giro el cuello y le pregunto -¿quién eres?, ¡qué eres!

  • – ¿aún no lo sabes? – y poco a poco fuí cerrando los ojos hasta caer en un largo y profundo sueño.


Me he despertado en mi cama. Me levanto sobresaltado. Sigo desnudo pero ni sé ni recuerdo cómo he llegado hasta aquí. Sin pensarlo dos veces cojo lo primero que encuentro al abrir el armario, me visto y salgo. Acelerado, no espero al ascensor y subo los dos pisos corriendo. Pulso el timbre. No abren. Insisto, no abren. Golpeo la puerta sin cesar – ¡ya vaaa!- se escucha desde el interior – ¡quién coño es usted!


– Mmm, perdón, está la…(es un hombre el que abre la puerta)


– ¡qué dice!, ¡a quién busca!, aquí no hay nadie más, yo vivo sólo.


Me apoyo en la pared para no caer. No lo puedo creer pero sé que dice la verdad. Lo ha vuelto a hacer.





En Tugrantentacion.com, queremos agradecer la colaboración prestada por parte del autor.


Os dejamos el link al relato original:


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