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El Principio de Todo. Cap. I: Una noche oscura




Se acabó, ya no me jodes más. Estoy harto de ti, de tus manías, de las rutinas, de que nunca creas en mí. Cansado de luchar, de fingir ante los demás que todo va bien, que somos felices.


Y ahí estaba yo, volante en mano a toda velocidad por una comarcal a altas horas de la madrugada hablando con el retrovisor viendo los kilómetros pasar sin destino conocido, solo huía. Hacía ya mucho tiempo que no me sentía así, libre. El móvil no para de sonar, tengo ya treinta llamadas perdidas tuyas.


Dioooos, necesito una copa y un cigarro pero me encuentro en medio de la nada. En estos momentos es cuando te arrepientes de que lo que fumes sea de liar. Sigo hacia adelante a través de una de las noches más oscuras que recuerdo, rodeado de campos y malas hierbas, solamente rota por los faros del coche. Ya en silencio, absorto en mis pensamientos, me parece observar luces en la lejanía. Por fin.


Las luces hacen que me desvíe a la derecha, saliendo de la comarcal por un camino a medio asfaltar. ¿Estás seguro de lo que estás haciendo?. Necesito esa copa.


Cuando llego, no me lo puedo creer. Me encuentro lo que parece una antigua carretera, un parking con unos 20 coches,un par de motos y al fondo una gran fachada de dos plantas que parecía ser un viejo hotel o un local. !Vamos, no me jodas que es un club!. Salgo del coche, subo unos pequeños escalones y ya estoy en el porche. ! Necesito el cigarro ya!. Me habría gustado acompañarlo de la copa pero la jodida Ley… Me lo enchufo, inhalo y siento como todo el humo me llena los pulmones. Suena el teléfono, Otra vez tú pero lo siento nena, no me vas a joder este momento y cuando le estaba dando la segunda calada, justo en ese instante, apareció ELLA, imponente, de figura larga y estilizada. Lucía una blusa de color marfil de ésas cuyo cuello lo envuelve un fino hilo dejando al descuibierto cuello, hombros y brazos. De pechos pequeños pero firmes y cuyos pezones, muy duros, delatavan que no llevaba sujetador. Con unos jeans azules y caminando sobre tacones se aproximaba hacia la puerta, justo en donde me encontraba yo. No podía dejar de mirarla, jamás había visto nada igual. Aún el humo continuaba en mis pulmones y muy muy lentamente lo fuí soltando por la boca. En ése momento, a escasos centímetros de mí, se detuvo, me miró a los ojos y me susurró, fumar es peligroso… y entró.


Sin pensarlo dos veces lanxo la colilla y abro la puerta. ¿Será esto verdad?. No salgo de mi asombro. Me encuentro en un amplio hall con grandes cuadros enmarcados en madera bajo una gigantesca lámpara de brazos de araña y presidiendo un mostrador exhuberante tambien de madera y láminas de oro. Tiene talladas unas figuras que ¨buenas noches, caballero ¿desea una habitación?


Vaya, perdone pero no la había visto


Siempre he estado aquí pero seguramente no fuí yo lo que llamó su atención.


Le reitero mis disc…


¿ desea una habitación entonces?


ehhh, pues no sé, quizás pero primero desearía tomar una copa – Me urge tomar esa copa – Y, otra cosa, hace un mmento entró una mujer


A su primera petición le puedo complacer. Si cruza esa puerta que tiene a su derecha encontrará lo que busca. En relación a lo segundo, sinceramente no se de qué mujer me habla.


pero si..


espero que lo que encuentre sea de su agrado – Y seguidamente agachó la cabeza para seguir enfrascada en sus papeles.


eso espero – Intentando poner algo de lógica a todo lo que estaba sucendiendo esa noche me despedí de la anciana señora con una mueca…y crucé la puerta


Cegado por la iluminación del hall entraba en un espacioso lugar de luz tenue pero lo primero que llamó mi atención fué el olor a tabaco y habanos que se respiraba. Además de la gran cantidad de personas que allí se encontraban, todas muy elegantes, habían dos mesas de poker con sus jugadores enfrascados, una ruleta, sofás, al fondo un escenario y en el lateral una larga barra. – tu suerte está cambiando – Pero aunque mataría por esa copa mi cabeza estaba en otra cosa. – ¿dónde está?. ¿no la veo?. Miré por todos lados y resignado me dirigí a la barra.


¿qué desea tomar el caballero?. Miré el gran abanico de posibilidades que me ofrecía la vitrina. – quiero un wiskhy sin hielo, por favor – Elijo un Four Roses de edición limitada. Una vez delante lo engullo de un trago. – por favor, sírvame otro que ahora lo quiero disfrutar lentamente. Me llené de su aroma, lo paladeé ya de espaldas al barman buscándola pero no la encontraba.


A ritmo de jazz y blues sonaban los clásicos. Billie Holliday, Louis Amstrong, Ella Fitgerald. !Cómo estaba disfrutando!. Era como si alguien se hubiera metido en mi cabeza dibujando ese escenario para mí. Sonó el teléfono. Lo apagué. Y justo en el momento comenzaba Fever de Peggy Lee la encontré. ¿o fué ella quién me encontró?. ¿Cómo no pude verla antes?. Al fondo, sola en la penumbra sobre lo que parecía un Chester con una copa en la mano y en la otra un pitillo de los largos. Clavaba su mirada en mí. Sentí una punzada en el pecho. Se levantó y sin dejar de mirarme en ningún momento se dirigía hacia donde yo estaba. Flotaba al ritmo de la música, imponente, elegante, provocadora. Pude observar los rasgos exóticos de su cara, su boca, sus ojos… y ya a escaso medio metro de mí soltó el humo en mi cara cantando de manera muy dulce y sensual en un perfecto inglés


«Cariño, enciende la luz de tu amor»


«deja que brille sobre mí»


«en fin, cariño, enciende la luz de tu amor»


«y deja que brille en mí»


«y sólo un poquito más brillente, cariño»


«me das fiebre»


Dibujé una ligera sonrisa. Me levanté. Señorita, ¿puedo saber su nombre?


¿importa mucho ahora?


seguramente no. Desprende mucha seguridad


soy decidida y sé lo que quiero Tenía ante mí a una Diosa. En mi vida había experimentado muchas situaciones pero ninguna como ésta, y la verdad es que había perdido un poco de experiencia pero… la agarré con firmeza de la nuca y le comí la boca metiendo la lengua hasta el fondo. Le gusta. Su lengua baila con la mía, y sabe lo que hace. Percibo como todas las miradas del público estaban fijadas sobre nosotros como si fuéramos parte del show pero me daba igual. Estaba eufórico y lo disfrutaba. Me agarra la polla, dura, muy muy dura.


Lo sabía, es usted un tipo duro. ¿Me acompaña?


espera que pague pero ella ya tiraba de mí y de fondo me pareció escuchar al barman «no se preocupa, invita la casa»


Subimos al primer piso y en el pasillo junto a una puerta que parecía ser la de su habitación me empujó de espaldas a la pared, me puso el dedo índice en la boca y me silbó «soy una chica buena y quiero esta noche seas malo conmigo, muy malo». Sin darme tiempo a responder se deslizó por mi pecho hasta que sus rodillas tocaron el suelo, me desabrochó el pantalón, sacó mi polla, la miró, me miró «Mmmm, me gusta, tan dura y llena de venas» y se la metió toda en la boca. Entraba y salía de manera vertijinosa. SEntía cómo chocaba en su garganta. Babas, respiración agitada. Paraba para pajearme con fuerza sin perder nunca de vista mis ojos, para volver a atraparla entre sus labios. Le quise apartar la cabeza pero se agarró con fuerza sin dejar escapar su presa, mi polla en su boca, y exploté. Llevado por el frenesí me corrí en un orgasmo infinito. Un espasmo tras otro. No sabría decir el tiempo que pasó, lo que si sé es nunca derramé tanta leche. Se puso en pié,su cara era todo vicio, relamió la comisura de sus labios, estrujó mi verga para sacar las últimas gotas. Se lo tragó todo. «Ven, ya estás preparado», y entramos en la habitación.


Una cama gigante con cuatro columnas de madera, una en cada equina, que subían en espiral, presidía la estancia. La tiré sobre la cama y con la ayuda de mi cinturón le até una muñeca a una esquina. Le arranqué la blusa de cuajo y con ella le inmovilicé la otra muñeca. Estaba fuera de mí, era presa de la lujuria. Ni yo mismo me reconocía. Tenía la imperiosa necesidad de utilizarla, poseerla, hacerla mía. Me incorporé, le despojé de los pantalomes quedando totalmente desnuda salvo unas diminutas braguitas. Desgarré las sábanas para capturar sus piernas. Ya la tenía como quería, a mi merced, totalmente expuesta e indefensa. Mi pulso se acelera. Su cara es una mezcla de lascivia y nervios y a mí me excita. Era una escena que sólo había visto en alguna película pero esta vez yo era el protagonista. Me deleito con la belleza de la imagen, siempre en silencio. Me inclino y muy lentamente recorro todo su cuerpo sin tocarla, de piés a cabeza empapándome de su olor, entreteniéndome en su sexo. Ya en su nuca, lamo el lóbulo, cuello, barbilla, labios, pómulos…toda la cara. De rodillas acaricio su morena piel erizada. Meto su pequeño pecho en mi boca. Juego con mi lengua por su aureola y pezón. Muerdo. responde con un grito pero le gusta. Se está mordiendo los labios y yo cada vez más excitado. Sin abandonar su pecho extiendo una mano para meterla bajo las braguitas. !Joooder está empapada!. Masajeo sus labios. Me entretengo con su clítoris mientras sigo mordiendo su pecho. introduxco un dedo, luego dos. Los saco, los huelo y los meto en su boca. Los disfruta como si fuera una polla, ¿te gusta eh? y me senté sobre ella con la verga a la altura de su cara para introducirla en su boca, sin piedad. Le saltaban las lágrimas y la saco pero sus ojos me pedían más. Se la hago tragar de nuevo, le follo la boca, y me retiro…no quiero correrme aún.


Vuelvo a los pies de la cama y me enchufo un cigarro mientras la observo. Ninguno de los dos habla. Me acerco y desato sus piernas. De rodillas las elevo y apoyo sus pies en mi pecho. Los lamos, chupo sus dedos uno a uno. Le abro sus piernas y me deslizo muy suavemente recorriéndolas entre besos y mordiscos hasta llegar a sus ingles. El olor de su sexo cada vez es más intenso. -!Fuera braguitas, te voy a hacer una comida de coño que recordarás toda la vida-. Su sabor era mi droga. Se retorcía, gemía, gritaba. Tiraba para intentar soltarse de brazos pero rendida me atrapó con fiereza ayudándose de las piernas !sigue hijo de puta!- corriéndose como una loca, inundando mi boca. Me sentía pletórico.


Me acerco a Ella y la libero de manos para incorporala obligándola a ponerse en cuatro. Mi lengua alterna su sexo y culo. Meto la puntita en su coño, media, la saco, así varias veces y la desespero hasta que se la meto toda dentro violentamente !Cabróooonnnn!. Ya no hay vuelta atrás, las embestidas se suceden de forma salvaje. Muerde las sábanas. Quiero ver tu cara cuándo te corras- me dice, y la tumbo de espaldas. Así, la vuelvo a penetrar !sigue, sigue, lo sabía, sabía que eras un cabrón nada más verte- mientras me apretaba fuerte con sus manos clavándome las uñas, rasgándome la piel cuando arqueando la espalda retorciéndose por otro orgasmo…me volví a correr.


Me cuesta abrir los ojos. Qué noche tan intensa. Extiendo los brazos pero ya no estás. Abro los ojos y….. Pero, y ¿!esto!?, ¿qué cojones está pasando?. Lo que antes era una monumental cama ahora es un viejo colchón en el suelo. Nada de lujos y estoy solo. Asustado me visto y salgo raudo de la habitación. Todo mugriento. B


Bajo las escaleras y solo veo tristeza, suciedad y escombros. Me entra un ataque de pánico pero le echo valor hasta llegar al coche. Conduzco otra vez a toda velocidad ahora ya a plena luz del día hasta llegar a una gasolinera. Necesito lavarme la cara y pensar «tranquilízate» .


¿Los baños?


¿se encuentra bien?, está muy blanco


¿los baños? grito


Vale, vale, salga y segunda puerta a la derecha

capullo


Corro, meto la cabeza debajo del grifo pero algo me duele. Me quito la camisa y del susto me caigo al suelo. Tengo arañazos y sangre en la espalda.


Había pasado la noche mas increible de mi vida junto a una mujer que nunca olvidaría sin saber si todo había sido fruto de mi imaginación o fruto de una pesadilla,pero lo que sí sabía es que por fin ya sí sabía lo que yo era y desconocía.




En Tugrantentacion.com, queremos agradecer la colaboración prestada por parte del autor.


Os dejamos el link al relato original:


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